La amante de Ted Hughes
Assia Wevill era la tercera en discordía en la compleja pareja que formaban los poetas Sylvia Plath y Ted Hughes. Una biografía resalta el papel de esta mujer, también poeta, amante de Hughes. Y Mariana Enríquez la comenta para Radar Libros.

Dice la nota:
El 11 de febrero de 1963, la enfermera que ayudaba a Sylvia Plath no tuvo respuesta cuando tocó el timbre del departamento de la poeta, el número 23 de Fitzroy Road. Habían sido meses difíciles para Sylvia: desde septiembre del año anterior estaba separada de Ted Hughes, tomaba antidepresivos indicados por su médico John Horder –el mismo que había recomendado la asistencia de una enfermera– y vivía en un estado muy vulnerable con sus dos hijos, Frieda, de dos años, y Nicholas, de nueve meses. El invierno londinense había sido el más frío en años, se congelaban las cañerías, los chicos se enfermaban. Ella, a pesar de todo, escribía con furor los 26 poemas que luego se editarían de forma póstuma en el libro Ariel.
La enfermera pidió ayuda a un obrero que trabajaba en el edificio y cuando pudieron entrar al departamento, encontraron a Sylvia muerta, arrodillada frente a la cocina, con la cabeza dentro del horno, intoxicada de monóxido de carbono. Los chicos estaban en la habitación de al lado, aislados del gas venenoso por toallas y trapos mojados, con vasos de leche que posiblemente nunca hubiesen llegado a beber: eran demasiado chicos.
La escena, patética y desoladora, es el inicio de uno de los mayores mitos trágicos de la segunda mitad del siglo XX. Se escribió muchísimo sobre la pareja desgraciada, sobre la censura que ejerció Ted Hughes sobre los diarios de Sylvia –supuestamente para proteger a sus hijos–, sobre él como villano y sobre ella como una mujer genial y depresiva que no pudo ser salvada; desde el excelente estudio sobre el suicidio El dios salvaje de Al Alvarez hasta La mujer en silencio de Janet Malcolm, pasando por Her Husband: A Marriage de Diane Middlebrook, que intenta cierta compasión hacia el muy demonizado Hughes. Incluso Hughes publicó un libro sobre su Sylvia Plath, el fabuloso volumen Cartas de cumpleaños (1998), la colección de poemas editada de forma póstuma, donde disecciona cada aspecto de la relación.
Pero nadie escribió, durante todos estos años, sobre la otra mujer. Sylvia Plath supo, en julio de 1962, que Ted Hughes la engañaba y, para agregar humillación a la situación, que la amante era una amiga de la pareja, la esposa del poeta David Wevill, Assia Guttman. Una mujer fascinante, hermosa, mundana, fashionista, que había crecido en Alemania y Palestina, que trabajaba en publicidad. Assia sería pareja de Hughes, con intermitencias, durante seis años; tuvieron una hija juntos, Shura. El 26 de marzo de 1969 también se suicidó usando el gas de la cocina pero, a diferencia de Plath, decidió matar también a su hija de 4 años. Ella tenía 41 y, como Sylvia, estaba distanciada de Ted cuando tomó la decisión de terminar con su vida.
A pesar de la tenebrosa similitud (con el agregado del infanticidio), a pesar de que Assia Wevill era una mujer interesantísima, fue borrada de la historia. Esa extraña supresión acaba de ser reparada con la biografía Assia Wevill de Yehuda Koren y Eilat Negev que publicó Circe: por primera vez aparece en todas sus facetas esta mujer que durante tantos años estuvo estigmatizada como la seductora perversa, la diablesa responsable de la ruptura de la pareja de poetas más célebre del siglo XX.
